Canción de Navidad

Canción de Navidad (A Christmas Carol) es una de las grandes obras del genial escritor británico Charles Dickens. Publicada el 19 de diciembre de 1843, después de seis semanas de intenso trabajo, se convirtió inmediatamente en una de las producciones más populares del autor de David Copperfield o Historia de dos Ciudades, entre otros muchos libros. Posiblemente existan pocas historias navideñas tan conmovedoras como esta. Muchos tienen la costumbre de leerlo todas las navidades, y no es mala idea, pues captura fenomenalmente los elementos centrales del mensaje de la Navidad. Por un lado, el poder transformador de la persona de Cristo y, por otro, la difusión del espíritu navideño que puede perfectamente resumirse en las palabras del Señor Jesús: “más bienaventurado es dar que recibir” (Libro de los Hechos de los Apóstoles 20:35).

Canción de Navidad despliega estos temas troncales de la Navidad por medio de un cuento que narra la vida de un londinense llamado Scrooge. La descripción que hace Dickens de Scrooge nos lo presenta como un hombre egoísta, solitario, de hábitos codiciosos y que desprecia la Navidad. Es un ser endurecido en su pecado y que, como el mismo confesará posteriormente al pedir ayuda, no puede cambiarse a sí mismo. La conversión de Scrooge es precisamente el meollo de esta historia que, desde entonces y hasta nuestros días, no ha dejado de conmover a los lectores. En este cuento la transformación de Scrooge es producida por la intervención, de lo que Dickens llama, los espíritus de las navidades pasadas, presentes y futuras. Estos son, a su vez, una original plasmación de lo que nosotros conocemos como el espíritu navideño. Es decir, el mensaje de la Navidad que, en palabras del apóstol Pablo, consiste en el hecho de que: “Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores” (1ª Epístola a Timoteo 1:15). El cambio es posible por lo que aconteció en Belén hace unos dos mil años: el nacimiento de Jesús, el único Salvador. Nada ni nadie puede salvar a los pecadores, sólo el poder que hay en Cristo podrá hacerlo. El apóstol Juan lo expresa así: Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios. Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Evangelio de Juan 1:9-14).

Coincidiendo con el segundo centenario del nacimiento de Charles Dickens (nació el 7 de febrero de 1812), acaba de publicarse en castellano de la pluma de la escritora londinense, de padre francés y madre inglesa y graduada de Cambridge, Claire Tomalin, la que posiblemente sea la mejor biografía hasta la fecha de este escritor inglés. Sobre Canción de Navidad, Tomalin dice que: “El libro caló muy hondo en el corazón del público y allí sigue desde entonces, con su mezcla de terror, desesperación, esperanza y afecto, además del mensaje -un mensaje cristiano- de que hasta el pecador más vil puede arrepentirse y transformarse en un buen hombre”. La transformación de Scrooge que narra Dickens es notable. Ha pedido perdón, da gracias por la Navidad y alaba al cielo por la misma. Su comportamiento se asemeja ahora al de las huestes celestiales que, después del nacimiento de Jesús, alababan a Dios diciendo: “Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres” (Evangelio de Lucas 2:14). Ahora Scrooge se vuelca hacia los demás y muestra compasión por los más pobres y necesitados, en particular por los niños, representados en Canción de Navidad por Tiny Tim. Dickens, por su propia experiencia e inclinación, siempre tuvo una especial consideración por los más pequeños, algo que conocen todos los que hayan leído sus obras. Por ello, no es sorprendente que Canción de Navidad aludiese también a Aquel que mostró una gran ternura hacia los niños, a Jesús. De hecho, cita el texto del Evangelio de Marcos 9:36 en el que se dice que Jesús “tomó a un niño, y lo puso en medio de ellos”. Por medio de esta acción, Jesús buscaba inculcar en sus discípulos una actitud de cariño y amor por los niños, incluso hasta el punto de afirmar que ese comportamiento lo tomaría Él como dirigido a sí mismo y a su Padre: “El que reciba en mi nombre a un niño como este, me recibe a mí; y el que a mí me recibe, no me recibe a mí sino al que me envió” (Evangelio de Marcos 9:37).

Hay otro detalle que hace de Canción de Navidad un libro ideal para estas fechas. La Navidad debe ser un tiempo de júbilo, de compartir, de generosidad y de hospitalidad. Y esto porque Dios mismo en Cristo así lo hizo: “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos” (2ª Epístola a los Corintios 8:9). El contexto de esta cita de Pablo es su exhortación a los cristianos en Corinto a mostrarse caritativos con sus hermanos más pobres. Y el mejor ejemplo de un amor que se da es el del mismo Señor Jesús que, por gracia, se entrega por pecadores como nosotros. No porque lo merezcamos o porque seamos mejores que otros, sino porque Él mismo está lleno de misericordia. Comentando también esta parte de Canción de Navidad, Tomalin añade: “Al mismo tiempo, el autor (Dickens) insiste en que compartir alegrías, comida, bebida, obsequios y hasta bailes no es un mero placer frívolo, sino una expresión básica de amor y apoyo mutuo entre los seres humanos”. Posteriormente otro gran autor británico, C.S. Lewis, hará también que los habitantes de Narnia celebren la venida de Aslan por medio de un suntuoso banquete en El León, la Bruja y el Armario, cuento en el que curiosamente Lewis introduce también la idea de la Navidad, algo que, por cierto, Tolkien pensó que no funcionaría, pero que sí resultó un gran éxito. Y es que el espíritu alegre y festivo de las familias de los Cratchit o del sobrino de Scrooge, Fred, a pesar de sus estrecheces económicas, demostraban, según Dickens, que entendían qué era lo importante de la Navidad. Y nosotros, ¿cómo no celebrar que, aunque estábamos perdidos, Dios ha venido a salvarnos en Cristo? Y para ello no hay vehículo más adecuado que las canciones navideñas o villancicos. Así Dickens, en Canción de Navidad, alude a una villancico muy popular en la Inglaterra de su época titulado: “God rest ye merry, gentlemen, que en castellano se traduce como: “Dios muy alegre albergó con gran felicidad”. Publicado por William B. Sandys in 1833, es hasta hoy uno de los villancicos más populares. La versión en dibujos animados del clásico de Charles Dickens por Richard Williams, que en su día mereció un Oscar en 1971, comienza con el clásico villancico. Una versión de la primera estrofa en nuestro idioma sería esta: 

“Dios muy alegre albergó,

con gran felicidad

recuerda que el Señor Jesús

nació en Navidad.

Él nos salvó de Satanás

que nos hizo perder,

noticias alegres de gozo

junto al Señor,

noticias alegres de amor”

 

Por tanto, la venida de Cristo Jesús al mundo es la única esperanza que podemos albergar en nuestros corazones para ser distintos. Sólo el evangelio puede cambiarnos pues, como nos recuerda también Pablo, es “el poder de Dios para salvación a todo aquel que cree” (Epístola a los Romanos 1:16). El diablo y el mal son enemigos demasiado fuertes para nosotros; sólo Cristo es invencible. La victoria de Cristo sobre el pecado, la muerte y Satanás se efectuó en la cruz del Calvario y se manifestó en su resurrección. Y si somos salvos por la fe en Cristo, vivamos gozosamente, dándonos y compartiendo, de acuerdo al espíritu de la Navidad. 

Artículo escrito por José Moreno Berrocal y publicado originalmente en el periódico "El Semanal de La Mancha" el viernes 19 de diciembre de 2014. Publicado con permiso.

 

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar