Cristo, el incomparable

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John R.W. Stott, al que tuve el inmenso placer de conocer personalmente durante la celebración del VI Congreso Evangélico Español, nos tiene acostumbrados a muy buenos libros. De hecho, es difícil por no decir casi imposible, pensar en algún título del gran maestro británico que me haya dejado indiferente. Desde el primero que leí, siendo todavía un adolescente, Cristianismo básico, pasando por títulos tan impresionantes como La cruz de Cristo, uno de sus mejores títulos en mi opinión, u otros tan esenciales como La fe cristiana frente a los desafíos contemporáneos, o La predicación, puente entre dos mundos, o su Cuadro bíblico del predicador. Y eso sin olvidar sus comentarios bíblicos, por ejemplo, el que tiene a la epístola a los romanos, o a los efesios, titulado en castellano La nueva humanidad, e incluso su comentario a la segunda a Timoteo titulado Guarda el buen depósito, entre otros. Por no mencionar su excelente comentario sobre las cartas de Juan. Cristo, el incomparable no nos va a defraudar, tampoco. De hecho, creo que nos encontramos ante otra de sus grandes obras. Su contenido es una ampliación de las conferencias que impartió en el año 2000 para las conferencias de Cristianismo Contemporáneo de Londres. Resulta curioso constatar que, aunque fue el mismo Stott el que fundó estas conferencias en 1974, nunca hasta ese momento había sido ponente en las mismas. El comité de estas conferencias, a propósito de las celebraciones mileniales, invitó a Stott a tratar el tema de la persona de Jesús; en palabras de Stott, “el único apropiado para ese año”.

Cristo, el incomparable es, pues, una extraordinaria reflexión sobre la persona de Jesús y su influencia en el mundo durante estos 2000 años. En un sentido, es el fruto de una vida dedicada al estudio y a la enseñanza acerca de la persona de Jesús. Pocas personas pueden, en ese sentido, compararse con Stott en su dilatada y brillante trayectoria de exponente de Jesucristo y de su mensaje. Por ello, lo que se nos presenta aquí, puede muy bien ser considerado como una suerte de meditación final, por parte de Stott, sobre la gran pasión de su vida: predicar “a Jesucristo y a este crucificado”. Cristo, el incomparable es, pues, un libro sobre Jesús. Un libro sobre Jesús bajo cuatro perspectivas. Después de una excelente introducción, Stott nos presenta a Jesús desde cuatro ángulos distintos: “El Jesús original”, “El Jesús eclesiástico”, “El Jesús influyente” y finalmente “El Jesús eterno”. En la primera parte, “El Jesús original”, Stott nos presenta la base del conocimiento de Jesús, es decir, el testimonio del Nuevo Testamento sobre su tema principal, la persona de Jesús. En realidad, esta primera parte está constituida por una pequeña introducción a 26 de los 27 libros que componen el Nuevo Testamento. Es una exposición tan sucinta y lúcida que, sólo por esta parte, merece la pena adquirir el libro. Stott nos muestra cómo, en la multiplicidad de temas tratados, todos los libros del Nuevo Testamento buscan mostrarnos a Jesús, un Jesús tan grande y admirable que se necesitan todos esos libros para mostrar su gloria. Aunque el título de la segunda parte no parece muy afortunado, “El Jesús Eclesiástico”, su elección se basa en el hecho de que Stott ha pretendido mostrarnos en esta sección la manera en la que la Iglesia Cristiana ha presentado a Jesús a lo largo de estos 2000 años. Para ello, Stott ha seleccionado una serie de pensadores cristianos y la visión de Cristo que transmitieron. En la misma, Stott no deja de ser crítico con algunas de las visiones o deformaciones de Cristo que se han presentado a lo largo de la historia de la Iglesia. Particularmente interesantes para nosotros son las reflexiones que, sobre el Cristo de los países latinos, hace Stott a propósito de la gran obra del misionero escocés John Mackay en su extraordinario volumen titulado El otro Cristo español. En esencia, Mackay puso de manifiesto que el Cristo católico romano español y latinoamericano es el del viernes santo más que el del domingo de resurrección. Incluso la iconografía católica así lo demuestra. En la misma abundan los distintos motivos de la pasión, pero son pocos los que aluden a la resurrección. En la tercera parte, “El Jesús influyente”, Stott nos recuerda, nuevamente a través de algunos cristianos escogidos, la manera en la que Cristo ha inspirado su actuación cristiana. Esta sección muestra otra de las grandes preocupaciones que Stott ha tenido a lo largo de su ministerio: la traducción del mensaje bíblico en vidas que tengan un impacto en la sociedad en la que se mueve el cristiano. Esta sección me recuerda vivamente una de los libros anteriormente citados, La fe cristiana frente a los desafíos contemporáneos, pues Stott nos enseña en la misma cómo los cristianos, con más o menos acierto, han tratado de vivir a la luz de la persona de Jesucristo y las doctrinas que se desprenden de su obra. Particularmente interesante resulta el testimonio de Joni Eareckson Tada en esta sección. Joni, como se la conoce afectuosamente en el mundo evangélico, señala cómo es la doctrina de la resurrección la que le proporciona mucho consuelo en su vida. Nuevamente, un testimonio de cómo la resurrección es parte integral del mensaje cristiano, algo que Stott desarrolla magistralmente. Finalmente, el libro se cierra con una extensa meditación bíblica sobre el libro que culmina el Nuevo Testamento, el libro de Apocalipsis. Bajo el epígrafe de “El Jesús eterno”, Stott nos enseña que Jesús nos desafía, aún hoy, a vivir a la luz de su persona y obra. Puede parecer extraño que Stott dedique una parte entera de su libro a un solo libro del Nuevo Testamento, cuando ha dedicado otra parte, la primera, a los otros 26 restantes. El mismo Stott se hace eco de esa extrañeza y señala que el libro de Apocalipsis está lleno de sugerentes imágenes de Cristo. El significado de las mismas nos anima en la lucha cristiana, al mismo tiempo que garantizan la victoria final de la Iglesia del Señor sobre todos sus enemigos. Nuevamente, por sólo esta última sección vale la pena adquirir todo el libro. Representa un excelente broche de oro a una gran obra de exposición bíblica e histórica a partes iguales.

Cristo, el incomparable nos presenta, pues, una visión integral de la persona y obra del Señor. Esa visión no es otra que la que presenta la Palabra de Dios, concretamente en este caso: el Nuevo Testamento. Sobre este fundamento, vemos cómo a lo largo de la historia de la Iglesia, hombres como Lutero o Wilberforce y mujeres como Joni, iglesias y el mundo en general, han tratado de entender a Jesús y pensar y actuar como Él enseñó. Algunos se acercaron más que otros al único Cristo que hay, el que presenta la Biblia. Pero lo que queda muy claro para la Biblia y para muchos en la historia de la Iglesia es que verdaderamente Jesucristo es incomparable. Este libro nos ayudará a apreciar nuevamente que no hay otro como Jesús y que, por tanto, solo Él puede ser nuestro único Señor y Salvador.

Artículo de José Moreno Berrocal y publicado originalmente en la revista Edificación Cristiana.
 

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