La fe reformada

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Uno de los más grandes teólogos reformados evangélicos de todos los tiempos es el norteamericano B. B. Warfield (1851-1921). Aunque sus estudios abarcan todas las áreas de la teología, e incluso la historia y la biografía, su fama se debe, sobre todo, a su robusta defensa de la fe cristiana, lo que se conoce como apologética, y en concreto de la inspiración de las Sagradas Escrituras. Todo lo que escribió es digno de ser conocido y estudiado pormenorizadamente.

Este es un breve resumen que Warfield hizo de su fe cristiana, tomando como base un precioso documento cristiano conocido como El Catecismo Menor de Westminster. Lo asumimos también como un resumen de nuestra fe como Iglesia:

"1. Creo que mi único objetivo en vida y muerte debe ser el de glorificar a Dios y gozar de Él para siempre; y que Dios me enseña cómo glorificarle y gozar de Él en su santa Palabra, es decir, la Biblia, que nos ha dado por medio de la inspiración infalible de su Espíritu Santo, para que pueda conocer con certeza lo que debo creer con respecto a Él y el deber que Dios requiere de mí.

2. Creo que Dios es un espíritu, infinito, eterno e incomparable en todo lo que es; un Dios pero tres personas, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, mi Creador, mi Redentor y mi Santificador; en cuyo poder y sabiduría, justicia, bondad y verdad puedo, con seguridad, poner mi confianza.

3. Creo que los cielos y la tierra, y todo lo que hay en ellos, son obra de las manos de Dios; y que todo lo que ha hecho lo dirige y gobierna en todas sus acciones; de tal manera que cumplen el propósito para el que fueron creados, y yo, que confío en Él, no seré avergonzado, más bien puedo descansar con seguridad en la protección de su invencible amor.

4. Creo que Dios creó al hombre a su propia imagen, en conocimiento, justicia y santidad, y entró en un pacto de vida con él, sobre la única condición de la obediencia debida por el hombre a Dios; por lo que al pecar deliberadamente contra Dios, el hombre cayó en el pecado y la miseria en la que he nacido.

5. Creo que, habiendo caído en Adán, mi primer padre, soy por naturaleza un hijo de ira, bajo la condenación de Dios y corrompido en cuerpo y alma, inclinado al mal y que soy merecedor de la muerte eterna; de este terrible estado no puedo ser liberado si no es por la gracia inmerecida de Dios mi Salvador.

6. Creo que Dios no ha dejado al mundo perecer en su pecado, sino que por el gran amor con el que lo amó, desde toda la eternidad y por gracia, ha escogido para sí mismo una multitud que ningún hombre puede contar, para liberarlos de su pecado y miseria, y de ellos edificar nuevamente en el mundo su reino de justicia; en cuyo reino puedo estar asegurado de tener parte si me apoyo en Cristo el Señor.

7. Creo que Dios ha redimido a su pueblo para sí mismo a través de Jesucristo nuestro Señor; quien, aunque era y por siempre continúa siendo, el Hijo eterno de Dios, sin embargo nació de una mujer, bajo la ley, para que pudiera redimir a los que están bajo la ley; creo que cargó con el castigo debido a mis pecados en su propio cuerpo sobre el madero, y cumplió en su propia persona la obediencia que debo a la justicia de Dios, y ahora me presenta ante su Padre como su posesión adquirida, para la alabanza de la gloria de su gracia para siempre; por lo cual renunciando a todo mérito mío, pongo toda mi confianza solamente en la sangre y justicia de Cristo Jesús mi Redentor.

8. Creo que Jesucristo, mi Redentor, quien murió por mis ofensas, fue resucitado para mi justificación, y ascendió a los cielos, donde está sentado a la diestra del Padre Todopoderoso, continuamente intercediendo por su pueblo, y gobernando todo el mundo como la cabeza sobre todas las cosas para el bien de su Iglesia; de tal manera que no necesito temer ningún mal y puedo, con seguridad, saber que nada me puede arrebatar de sus manos y nada me podrá separar de su amor.

9. Creo que la redención obtenida por el Señor Jesucristo se aplica eficazmente a todo su pueblo por el Espíritu Santo, quien obra la fe en mí y así me une a Cristo, me renueva a la entera imagen de Dios, y me capacita más y más para morir al pecado y vivir a la justicia; hasta que, habiendo sido completada en mí esta obra de gracia, sea recibido en gloria; y, precisamente como albergo esta gran esperanza, debo luchar para perfeccionar la santidad en el temor de Dios.

10. Creo que Dios requiere de mí, en el evangelio, en primer lugar que, por causa de un verdadero sentido de mi pecado y miseria y una aprehensión de su misericordia en Cristo, me aparte con dolor y odio del pecado, y reciba y descanse en Jesucristo solamente para salvación; de tal manera que, unido a Él, pueda recibir el perdón de todos mis pecados y ser aceptado como justo delante de Dios, exclusivamente por la justicia de Cristo imputada a mí y recibida solo por fe; y únicamente de esta manera y nada más, creo poder ser recibido dentro del número, y tener derecho a todos los privilegios de los hijos de Dios.

11. Creo que, habiendo sido perdonado y aceptado por causa de Cristo, se requiere de mí, asimismo, que camine en el Espíritu que adquirió para mí, y por quien el amor ha sido derramado en mi corazón; cumpliendo la obediencia que debo a Cristo mi Rey; fielmente llevando a cabo todos los deberes puestos sobre mí por la santa ley de Dios, que es mi Padre celestial; y siempre reflejando en mi vida y conducta, el ejemplo perfecto que me ha dejado Jesucristo mi Señor, quien ha muerto por mí y me ha concedido su Santo Espíritu para que pueda hacer las buenas obras que Dios ha preparado de antemano para que anduviese en ellas.

12. Creo que Dios ha establecido su Iglesia en el mundo y la ha dotado con el ministerio de la Palabra y las santas ordenanzas del bautismo, la cena del Señor y la oración; a fin de que a través de éstos medios, las riquezas de su gracia en el evangelio puedan darse a conocer al mundo y, por la bendición de Cristo, y la obra de su Espíritu en ellos, que por la fe las reciben, los beneficios de la redención puedan ser comunicados a su pueblo; por lo cual también se requiere de mí que atienda a estos medios de gracia con diligencia, preparación y oración, de tal manera que a través de ellos pueda ser instruido y fortalecido en la fe, y en la santidad de vida y en el amor; y que emplee mis mejores esfuerzos para llevar este evangelio y comunicar estos medios de gracia a todo el mundo.

13. Creo que, así como Jesucristo ha venido una vez en gracia, así también vendrá por segunda vez en gloria, para juzgar al mundo en justicia y asignarle a cada uno su recompensa eterna; creo que si muero en Cristo, mi alma será en la muerte hecha perfecta en santidad e irá a morar con el Señor; y que cuando regrese con su majestad, seré levantado en gloria y hecho perfectamente bendito en el pleno goce de Dios por toda la eternidad; alentado por tal esperanza bendita se requiere de mí, voluntariamente, que participe en sufrir penalidades aquí como buen soldado de Cristo Jesús, con la seguridad de que si muero con Él, también viviré con Él, y si sufro, también reinaré con Él.

Y a Él, mi Redentor,

con el Padre,

y el Espíritu Santo,

tres Personas, un solo Dios,

sea la gloria ahora y por todos los siglos,

amén y amén."